El Caribe rompe el cordón umbilical con Bogotá: años de trámites se reducen a meses

Un pescador de Barranquilla que necesite mejorar el muelle de su comunidad podría ver la obra en meses en vez de esperar años por permisos desde Bogotá. Esta realidad está a un referendo de distancia después de que el Ministerio del Interior radicara con urgencia el proyecto que convierte al Caribe en una entidad territorial autónoma.

La iniciativa, que abarca a Atlántico, Bolívar, Cesar, Córdoba, La Guajira, Magdalena y Sucre, representa el mayor avance descentralizador desde la Constitución del 91. Pero la pregunta que resuena en las calles es simple: ¿por qué ahora? La respuesta tiene nombres y apellidos. Armando Benedetti y Eduardo Verano lideran una carrera contra el tiempo para que el próximo 8 de marzo los caribeños decidan si quieren dejar de pedir permiso. Sin embargo, el fantasma de intentos fallidos ronda esta apuesta. Colombia lleva tres décadas intentando descentralizar sin éxito. Las llamadas Provincias Administrativas y de Planificación se fueron al traste por falta de plata y voluntad política. La actual RAP Caribe, que funciona desde 2017, nunca pasó de ser un club de gobernadores sin dientes reales. Esta vez prometen ser diferentes. La autonomía política, administrativa y financiera permitiría invertir directamente en infraestructura productiva, transporte, transición energética y seguridad alimentaria. Imagine carreteras que conecten pueblos aislados del Magdalena con la capital, o sistemas de riego para los agricultores de Córdoba que hoy dependen de lluvias caprichosas. Eso significa menos trámites. Más acción. Pero surgen dudas legítimas. ¿Los alcaldes de municipios pobres como Manaure o Ayapel tendrán realmente acceso a estos recursos, o todo se quedará en Barranquilla y Cartagena? La historia sugiere que el centralismo no se muere fácil. Y hay otro tema peludo: la plata.

El gobierno promete recursos adicionales cuando el país enfrenta un déficit fiscal preocupante. Las regalías ya están comprometidas hasta el cuello. ¿De dónde saldrán los millones necesarios? Benedetti, con su historial de polémicas, se ha convertido en el vocero principal. Muchos se preguntan si es el hombre indicado para liderar un cambio tan trascendental. Aunque en política a veces toca poner el hombro con lo que hay disponible. Lo cierto es que el Caribe lleva siglos sintiéndose como la colonia interna de Bogotá. Sus playas generan turismo, sus puertos mueven comercio, pero las decisiones importantes siempre se tomaban a 1.000 kilómetros de distancia. Esto no es un discurso. Es vida. Por eso la urgencia del mensaje legislativo. El gobierno quiere tener todo listo para el referendo de marzo. Pero el camino es empinado. Si la participación no alcanza el umbral requerido, o si algunos departamentos votan en contra, el sueño regional podría desvanecerse otra vez. Mientras tanto, en los pueblos costeños la esperanza se mezcla con el escepticismo. Después de tantas promesas incumplidas, la gente quiere ver obras concretas, no solo papeles. El pescador de Barranquilla, el agricultor de La Guajira, el comerciante de Sincelejo.

Todos esperan que esta vez sí les cumplan. La costa está cansada de dar papaya y que después no le caiga nada. Ahora tiene la oportunidad de escribir su propio futuro. O de confirmar que algunos cambian todo para que nada cambie.