El viento que trae de vuelta a los hijos wayuu

Por primera vez en décadas, padres wayuu en La Guajira están viendo algo improbable: sus hijos comenzando a empacar maletas para regresar desde Bogotá, Medellín y Cali. No es un milagro. Son 41 aerogeneradores que están cambiando el mapa laboral del departamento más olvidado de Colombia.

Ecopetrol, esa empresa que siempre hemos asociado con pozos petroleros y camiones tanque, está poniendo el hombro donde otros fracasaron. Windpeshi, el proyecto eólico que el anterior propietario abandonó, ahora revive con una diferencia fundamental: es la primera vez que una empresa estatal lidera la transición energética en territorio indígena.

¿Por qué importa ahora? Simple. Mientras el mundo debate cómo abandonar los combustibles fósiles, en La Guajira están resolviendo algo más urgente: cómo evitar que sus jóvenes sigan migrando. “Muchos de nuestros familiares se tuvieron que ir de la comunidad a buscar oportunidades en otras regiones”, confesaron líderes wayuu durante las visitas de Ecopetrol. Esto no es un discurso. Es vida.

Transformación.

El proyecto evitará la emisión de 140.000 toneladas de CO₂ anuales, equivalente a retirar 90.000 carros de circulación. Pero las comunidades wayuu miden el impacto en algo más tangible: empleos que permitan a sus profesionales regresar. Ingenieros, técnicos, administradores que hoy trabajan en ciudades lejanas podrían pronto estar a solo horas de sus rancherías.

Sin embargo, la memoria en La Guajira es larga. Esta región ha sido el cementerio de promesas energéticas. Desde el carbón de El Cerrejón que generó más conflictos que desarrollo, hasta proyectos eólicos privados que naufragaron en la desconfianza. Ecopetrol está intentando sacar la casta donde otros han fracasado.

Pero ¿qué garantiza que esta vez será diferente? El equipo desplegado incluye más de 40 profesionales multidisciplinarios, acompañados por el Ministerio de Minas, el Ministerio del Interior y autoridades locales. Han completado 15 de las 30 visitas programadas a comunidades, socializando cada detalle del cronograma que llevaría a Windpeshi a operar en 2028.

El tiempo parece largo para una tecnología madura, pero la prisa nunca ha sido aliada del diálogo verdadero. Ecopetrol está reactivando los encuentros de seguimiento y recepción de acuerdos de consulta previa, heredados del propietario anterior. Agua, educación, salud y proyectos de inversión social estratégica están sobre la mesa.

¿Valdrá la pena la espera? Para las familias wayuu que hoy ven fotos de sus hijos en WhatsApp porque no pueden abrazarlos, cada día cuenta. Windpeshi representa algo más que energía limpia: es la posibilidad de que la transición energética no requiera abandonar las comunidades más remotas, sino convertirlas en protagonistas.

Futuro.

Con 205 MW de capacidad, este será el parque eólico más grande operado 100% por una empresa estatal colombiana. Pero su verdadero legado se medirá en algo más humano: cuántas familias dejan de despedirse en la polvorienta carretera que lleva a Riohacha.