Pobreza infantil en Colombia persiste por políticas centradas en adultos

La pobreza en Colombia ha disminuido, pero los niños siguen siendo el grupo más afectado, gobierno tras gobierno. Pedro Baracaldo, oficial de Inclusión Social de Unicef, sostiene que la brecha persiste porque las políticas se han pensado desde la mirada del adulto y no desde las carencias específicas de los niños que viven en esos hogares.

Se habla mucho de empleo y formalidad, dice Baracaldo, pero esos programas ayudan a los niños solo de forma indirecta. Una madre cabeza de hogar con tres hijos de dos a cinco años enfrenta necesidades distintas a las de una madre con un hijo de 20. En pobreza extrema, agrega, las carencias son de subsistencia y la política fija estándares ideales sin programas dirigidos a esos mínimos. Los niños, en cambio, quedan sin una atención que responda a su dependencia total del adulto.

Otro problema que menciona el funcionario de Unicef es que el Gobierno nunca ha publicado cuántos niños viven en hogares pobres. Los datos existen, afirma, pero no se cruzan para visibilizar a la niñez. Sin esa cifra, cualquier política carece de un punto de partida claro.

Baracaldo plantea que la actualización del Sisbén hacia un nuevo modelo de focalización es una oportunidad para ubicar a cada niño, identificar a qué familia pertenece y en qué grado de vulnerabilidad está. Barranquilla y Bogotá ya usan esa información para abrir la puerta a programas prioritarios y gestionar cada caso de forma activa. El nuevo gobierno, según él, debería replicar ese enfoque a nivel nacional. Esos dos casos locales demuestran que el seguimiento individual es posible con los datos existentes.

Un adulto o un joven puede buscar empleo o gestionar un subsidio, explica Baracaldo, pero un niño de tres o cuatro años no puede hacer nada para cambiar su situación. Depende por completo del adulto y de lo que este decida hacer con el dinero. Esa dependencia es lo que hace tan grave la pobreza en la niñez.

En zonas rurales alejadas con presencia de grupos armados, la pobreza combina falta de ingresos con falta de acceso a educación: hay más inasistencia y rezago escolar. Eso crea un caldo de cultivo que los grupos aprovechan para reclutar niños. El reclutamiento forzado se alimenta de esa combinación. Garantizar el acceso a la educación, sostiene Baracaldo, puede ser una estrategia para frenar el reclutamiento.

El nuevo gobierno tiene la oportunidad, según Baracaldo, de aprovechar esa transición del Sisbén para identificar a cada niño. Hacerlo implicaría publicar por primera vez cuántos menores viven en hogares pobres y asignarles seguimiento individual. Por ahora, las cifras de pobreza infantil permanecen ocultas.